sábado, 26 de junio de 2010

Al otro lado

Ella ya sabe que su origen no es griego, que ni es hija de Zeus y Mnemósine, ni habitó en el Parnaso. Por eso hay quien opina que no debería llamarle musa. Pero olvidan que cuenta con el mérito extraordinario de haberse hecho un hueco entre aquéllas que gozan de un prestigio que lleva siglos abriéndoles las puertas. Y que lo que le hace merecer ese título es que cumple su misión.

No se escandalizan, sin embargo, ni ponen peros, cuando ellos mismos llaman “cicerone” a un guía o prefieren decir “affaire”, a decir negocio. Las palabras se universalizan para nuestro entendimiento. ¿Cuándo haremos universales otra serie de conceptos que harían de “entendimiento” una palabra mucho más grande y, a la vez, más asequible? O mejor, ¿cuándo haremos del entendimiento un instrumento cotidiano?
...

Acércate, mi buena musa, y siéntate a mi lado. Susúrrame al oído aquella melodía que tantas veces te han hecho acallar. Muéstrame tus ojos y la mirada que guarda espejismos cambiantes. Deja que observe las esferas luminosas que se enredan en tu pelo como un collar de planetas vivos. Que tus manos dibujen el vuelo de las extrañas aves que tanto tiempo llevan queriendo traerme noticias de lejanos bosques y montañas transparentes. Ve soltando, poco a poco, el universo que traes contigo, como un perfume y deja que nos embriague el horizonte que se prolonga más allá de los sueños… 
...

Me miraba Nkundi, pensativa y quise sustraerle las ideas que trenza en su silencio fértil. 

_ Nkundi, ¿quieres tomar un café conmigo? 

_ ¿De los que prepara Franz? _ bromeó, recordando las imágenes del corto con que “Les-dammes” nos obsequió, durante una visita que le hicimos. En él, el protagonista, un tanto desquiciado por el consumo excesivo del estimulante, acaba cometiendo más de una barbaridad. 

_ No, mujer; tampoco es mi intención que acabemos matando a una anciana. Éste será un café tranquilo y denso, como seguramente le gusten a él. A ver, cuéntame, qué pensamientos son ésos que te tienen distraída. 

_ Bueno, son una maraña. Van engarzados unos a otros y parece que formaran parte de una misma escena. Un poco, como el juego de la caída de fichas de dominó. 

_ ¿Como la vida misma? 

_ Sí… 

_ Bueno, pues ve soltándolos poco a poco. Tal vez así… 

Después de un breve silencio que venía a ordenar sus ideas, lanzó su primera pregunta: 

_ ¿Qué te pasó con los versos del Ángel Negro?_ Y provocó la sonrisa que provocan las preguntas llenas de ternura e ingenuidad, aunque la respuesta resulte complicada y larga de explicar. 

_ Lo mismo que me pasa con muchas otras cosas; que cada vez que las miro detenidamente, las veo distintas. Sus versos, sus escritos, a veces tienen para mí esa cualidad y me gusta perderme en ellos, poder leerlos de varias formas, encontrarles distintas caras. Me pasa con otros escritores. Curiosamente, con los que más me fascinan.

Verás, siendo niña tenía un juego predilecto, como todos los niños, supongo. Aunque parece que el mío resulta un poco extraño a otros ojos. A veces, cuando menciono en qué ocupaba aquellas horas felices, cuando la vida aún te permite cruzar a la orilla de la fantasía sin que nadie te lo reproche, mi interlocutor me mira con ojos de avispa; no sé si intentando descifrar el juego y ponerse en situación, o barajando la sospecha de si mi mente fue secuestrada por alguna suerte de locura, como en alguna ocasión, se han aventurado a decir. 

Yo, sin embargo, me sorprendo ante ese tipo de manifestaciones; me da la impresión de que no hubieran sido capaces de echarle suficiente imaginación a sus juegos. Pero no me lo creo. Los juegos de los niños siempre son capaces de darle vida a un simple trozo de madera, y por tanto… 

A mí me gustaba jugar con el espejo que vivía en el reverso de la puerta de un armario. Era grande _más grande entonces que ahora_ y eso me permitía, no sólo verme a mí misma, sino al entorno, reflejado en él. 

No tardé en darme cuenta de la existencia de un paralelismo entre dos universos diferentes. Cuando yo levantaba mi mano derecha, la niña que vivía al otro lado insistía en levantar la suya izquierda, y así sucedía con todo lo que podía ver, al otro lado del espejo. 

Después descubrí que, si giraba la puerta que soportaba la luna, cambiaba su contenido; de esa manera, dependiendo de los grados que hubiera desplazado aquel instrumento mágico, disponía de un escenario u otro… y aquel juego me brindaba infinidad de posibilidades. 

Pero no se quedó ahí la cosa. Mi mente aprendió a explorar, a través del espejo, otras dimensiones. Pensaba que aquella niña que se empeñaba en llevarme la contraria, igual que yo, no sólo habitaba en aquella habitación, sino que, como yo, también compartía con su familia un comedor y que, más allá, había un largo pasillo, por el que le gustaba correr. 

Así es que empecé a imaginar cómo era aquel comedor que estaba al otro lado del espejo, justo detrás de su habitación, y a “colocar” los objetos, precisamente en sentido contrario a como estaban en el mío. Todo esto, ya sin ayuda del malvado artilugio que me propició la inmerecida fama de “coqueta”, pues lo único que veían quienes fueron testigos de aquella incomprendida fantasía infantil, era que pasaba las horas muertas frente al espejo. 

El caso es que sospecho que aquel juego que abrió mi mente, a base de aglutinar en ella espacios duplicados, pero inversos, se me quedó prendido en el alma y pasó a formar parte de ella. Me gusta, Nkundi. Me gusta mirar “más allá del espejo” y escudriñar otras posibilidades que, a priori, estarían fuera de mi alcance, si no les prestara el debido esfuerzo. 

_ Pero, ¿por qué insistes en buscar más imágenes, en mirar más allá? Eso te lleva a la confusión ¿No? 

_ No. No es esa insistencia la que me confunde, sino andar con la inercia alocada que llevamos, sobre todo en la ciudad, donde todo sucede demasiado deprisa, donde siempre parece que estuviéramos a punto de perder algún tren y no existe tregua para plantearnos si, lo que estamos haciendo, es lo correcto; lo hacemos, no vemos otra opción.

Saltamos al tren en marcha y confiamos en que sea el mismo que cogemos todos los días, sin plantearnos siquiera que existen los imprevistos; que alguien ha podido decidir cambiar nuestro tren de vía. Y a veces no nos damos cuenta de que vamos en sentido contrario, hasta que salimos de túnel. 

Nkundi, la ciudad nos mata en muchos sentidos. La vida en ella no es un viaje de placer. Es una rutina que devora nuestro tiempo y no hay lugar para contemplaciones. Por eso, casi siempre te dejo a ti aquí, apartada de ese monstruo. Allí no podemos permitir que se nos escape un solo minuto, si queremos evitar un buen montón de complicaciones. 

Pero hay que vivir en ella para entender la locura de la que te hablo. Cualquiera que no se haya sentido devorado por su ferocidad, diría que basta con salir 5 minutos antes. ¡5 Minutos!!! ¡Quién saca 5 minutos de una jornada de 9 horas y un trayecto de 3! ¿Y quién escatima a la empresa las horas de formación que nos exige? ¿Quién les discute las que nos roban, a cuenta de trabajos que tenemos que terminar en nuestra propia casa?... “Porque es urgente y tiene fecha de caducidad”, nos dicen. ¡Como nosotros mismos! Pero esto último, pretenden borrárnoslo de la memoria, desde el momento en que nos contratan. No nos permiten pararnos, ni física, ni intelectualmente, pero sólo atendiendo a su objetivo. 

A mí me gustaría tomarme las cosas con más calma, pero a menudo siento que la vida me lleva a empujones, sin saber cómo he de hacer para sustraerme a su impertinencia. Actúo por impulsos, no siempre acertados, que pueden conducirme al precipicio. 

Porque es eso, me precipito, al dictar una sentencia, si antes no he escuchado a todas las partes. Eso nos convierte en arbitrarios. Mirar con prejuicios, nos limita. No me gusta encasillar, como no me gusta encadenar a un animal. 

_ ¿Prejuicios tú? Además, encadenar a un animal no nos limita a nosotros, sino al animal... ¿Y qué tiene que ver todo eso con lo que te he preguntado? _ protestó, intentando comprender, de un solo salto, lo que precisa de unos pasos medidos, precisos y cautelosos, para salvar según qué terrenos. No pude sino verla reflejada en mí, o verme yo en ella, cuando la impulsividad nos domina. ¡Esas prisas…! 

_ A veces, Nkundi, escucho el eco de mis propios actos. Y, cuando eso sucede, es porque el ritmo frenético que imprime mi marcha ha provocado que alguna piedra se precipitara y chocara con algo. Entonces vuelvo sobre mis pasos, para comprobar que no he ocasionado males mayores. Eso mismo me ocurrió con esos versos. Me precipité, no me tomé el tiempo que requerían, y es más que probable que llegara “contaminada” de otros escritos, deslumbrada de otros colores que se imprimieron en mis retinas. Y no pude ver los que tenía enfrente. Por eso, al volver “limpia” de aquellos reflejos, es decir “sin prejuicios”, me pareció que habían cambiado su silueta. Pero en realidad, era mi mirada lo que había cambiado. 

Recordé lo que me enseña la práctica del senderismo, y pensé que quizá lo mejor sería escoger otro camino más sensato, para llegar al puerto que quería. 

_ Bien, cambiemos de tercio. Dime, ¿qué ves ahora mismo desde donde estás sentada? 

_ Veo la ventana, la estantería, los libros, el equipo de música,… Creo que ya sé adónde me quieres llevar. 

_ Sí, yo también lo creo. Si te sentaras donde estoy yo, verías otras cosas, aunque la habitación sea la misma y la ocupen los mismos objetos. 

Pero no sólo es la posición que ocupemos la que nos ofrece una visión distinta. Hay muchos matices que pueden conformar lo que percibimos, muchos agentes externos los que ejercen su influencia: nuestras propias vivencias y cómo nos implicamos en ellas; nuestra última lectura, el último encuentro, la última charla… Incluso la música que estamos escuchando, vierte su singular naturaleza sobre la nuestra. 

Todos esos elementos van dejando su rastro, que nosotros recogemos o abandonamos en el camino, y todos, conformando de alguna forma nuestra visión de las cosas. Elegimos de qué nos deshacemos y qué queremos llevar con nosotros. Ahí deberían entrar en juego nuestro discernimiento y nuestra consciencia. Discernimiento, para no confundir "criterio" con "prejuicio". 

No siempre la elección es nuestra pero, si permitimos que la luz atraviese la ventana o si elegimos la penumbra, estaremos haciendo que todo esto que nos rodea cambie considerablemente su aspecto.

Podríamos ser cómodos y pensar que es mejor cuando entra la luz, que se ve todo más claro, con mayor nitidez. Pero, cuando llegue el verano, no pensaremos igual. A veces la luz ciega. Tenemos ambas opciones y subir o bajar la persiana, no sólo nos librará de la ceguera, sino que nos estaremos permitiendo un espectro de visión mucho más amplio ¿Te has dado cuenta de cómo cambian los colores, según la intensidad y la naturaleza de la luz que los enfoque? 

_ Sí, claro... ¿Es eso la diversidad? 

_ Uy, que te veo venir... Esto no es más que la D; la primera letra de una palabra inmensa. La diversidad lo abarca todo; como el mismísimo Universo, reflejado en un espejo. Para explicarte lo que es la diversidad necesitaríamos de muchos más cafés… y no quisiera acabar como el protagonista del corto que nos pasó "Les-dammes". 

Y así acabó la charla, prácticamente como la habíamos empezado. Poco había avanzado en aquella exploración sin límites que quise hacer junto a Nkundi, pero el tiempo nos impera. 

_ Lo siento, Nkundi, tendremos que dejarlo para otro rato. Pero toma, ve leyéndote este libro, si quieres. 

_ “León el Africano” … ¡Anda, como yo!!! 

_ Sí, como tú; no tan africano. Pero lee, lee... 

Y leyó: “Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna.”
...
Ahí se ha quedado, empantanada ante la inmensidad de sus preguntas. Espero que Maalouf me vaya abriendo camino, mientras yo sigo con otros temas que no pueden esperar... aunque esté de baja, por estrés. 
... 
Este fragmento fue, en su día, dedicado a "Angelonero" (Ahora, "Gestionando los Tsunamis") y a "Lesdammesfrançaises" (también, "El sueño Nocturno") cuyas letras admiro, cuya amistad aprecio y atesoro.

Aquí lo tenéis, Anxo, Franz. Ahora lo leo y veo lo extenso de aquel post. Pero siempre fueron vuestras, estas letras. Siempre lo serán. Yo también, a pesar de lo incomprensible que pueda resultar ver que ando borrando textos, desapareciendo… y apareciendo en otros sitios, con otros nombres. Sigo siendo yo y, en algún sitio, sigo estando.


Por Deaire
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10 comentarios:

  1. Espero que no lo borres! tengo que salir a la oficina y me encantaría leerlo. un beso preciosa!

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  2. Dulce Nkundi: Me alegro de que sigas susurrándole palabras al viento, para que estas amabilicen a las tormentas y alejen los ecos de los naufragios, para que hagan estériles los llamamientos catódicos a la estupidez y a la obediencia ciega, o sencillamente para que nos acaricien los oídos y naveguen nuestras venas como un bálsamo eficaz contra la tentación diaria de rendirse. El mundo es un lugar menos solitario gracias a voces como la tuya, que saltan a uno y otro lado del espejo, descubriéndonos los universos infinitos que pueden germinar desde un solo corazón, y como este, por efecto de una magia poderosa, puede encontrar varios corazones que laten al unísono, describiendo un territorio emocional que da sentido al esfuerzo de pensar y juntar letras. Hace más de un año que leí este texto por primera vez, y entonces te dije que tendría que leerlo más veces para sacarle todo el jugo que tiene, exprimirlo como una naranja y beberme todas sus enseñanzas. Me alegro que lo rescates y vuelvas extenderlo sobre el suelo de tu nueva casa, como una alfombra de flores, para emocionarnos, una vez más, con esa sensibilidad tan especial que te caracteriza. Espero que los agitados ritmos del estío me permitan tomarme más de un café tranquilo entre tus paredes, y que nuestros lazos se sigan estrechando. Un abrazo afectuoso, esta vez sin oscuridades.

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  3. Prometía y con razón. Qué decirte, salvo que el dialogo es muy bueno y está impecablemente escrito. Hay varias cosas que señalaría, pero seguramente no con el acierto ni la ciencia necesaria, aún así me mojo, que de eso se trata. En nuestra mente hay una conciencia que actúa de oficio como un reflejo no condicionado, es esa conciencia la de diario. A menudo, sobre la marcha, tal como decía la joven pensativa de tu relato la vida exige una determinación y una actuación instantánea. No hay tiempo para la reflexión y el universo en el que moramos nos exige en todo momento respuestas, muchas de ellas no pueden esperar. El hombre resulta ser así de tonto del bote, a su bienestar le precede el no bienestar y tanto es así que llega a confundirlo y se emperra en alcanzar el no bienestar, aunque trabaje para el bienestar y es más, con ello procura la riqueza de otros hombres, que intentan alcanzar un bienestar que pueda pagarse, olvidando que el bienestar en un mundo social no debería tener precio alguno. Si te descuidas, te olvidas de la otra conciencia, la que visita en forma de musa a la protagonista “sabia” de tu relato. Es así, sin esa soledad que procura el dialogo, no ha y del todo conciencia de ser, no se llega a valorar lo que poseemos (no me refiero a lo material) ni se establece la necesaria comparación entre las tres horas de viajes diarios y los cinco minutos sinceros que uno a sí mismo se debe, por pura necesidad de equilibrio emocional, pero sobre todo, humano. Las preguntas son precisas, al igual que las respuestas y esa baja por estrés seguro que se resolvió con ese pequeño intercambio, que más que conciliar pensamientos, sirvió para rescatarlos. Un simple espejo convertido en infinitas formas de imaginación, en realidad fuente de futuras ideas, porque de lo descabellado, de lo inexistente, de lo imposible, en muchas ocasiones nace una recompensa o el sentido mismo de cualquier acto. Por suerte no todo está escrito, por suerte. Ni siquiera los prejuicios, ni la impulsividad, nada se sabe cuánto dura, y muchas veces ni porqué dura, pero siempre se puede parar uno a charlar con Nkundi o con quien toque.



    Me ha encantado, me alegra que lo hayas puesto de nuevo.



    Un beso, Deaire.

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  4. Querido AngeloNero, contra esa tentación de rendirnos que todos sentimos alguna vez, están esas otras voces que nos alientan y dan soporte a nuestra fragilidad, que nos salvan de los naufragios y nos ponen a buen recaudo, hasta que recuperamos resuello. Más humanas que otras voces, más reales, por cuanto se pronuncian de otra forma que las hace ser distintas, nos dicen de su autenticidad. No me hablan de lo que no me interesa, me mueven el espejo, me muestran... y me enseñan. Y, algunas veces, incluso consiguen que mis ideas sean capaces de desatarse, de llamarse unas a otras, como ese escenario que se despliega “al otro lado” . ¿Qué puedo hacer sino agradecer que así sea y ofrecer lo que he recogido, gracias a ellas?

    Y aún me regalas tus siempre hermosos comentarios, esas plumas que yo colecciono como muestra de que el territorio emocional del que hablas, existe… y no es una fantasía que sólo vive en mi mente.

    Siempre hay café en casa, Anxo. Gracias por ser, primero, y por venir, por estar.

    Un abrazo, con cariño, nada oscuro.

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  5. Vagamente, esas palabras, viniendo de ti, son un regalo _por cierto, a ver cuando nos dejas volver a ver tus textos, que una ya tiene mono… y ganas de aprender_. A mí, son ciencias como la tuya las que me estimulan, precisamente. Hay tanto que se encierra detrás de la humildad con la que hablas... La “conciencia colectiva”, no por masificada, es más refinada; al contrario. Siempre las masas han sido fácilmente manipulables. Y la última herramienta, la más eficaz en los tiempos que corren, es el estrés, la presión del “date prisa, corre, hazlo, no lo pienses, que se te escapa el tren”… y, cuando te quieres dar cuenta, lo has hecho, has montado en el tren en marcha y, sólo cuando has salido del túnel, te has percatado de que ibas en dirección contraria. “Comprando este billete a Washintong DC, con nuestra “prestigiosa” compañía, podrá viajar en “tonto-el-bean-pijos-class”, pagando sólo el precio de “tonto-el-bean”… “Corre, corre _te dice una de las muchas ejecutivas que manejan la empresa; la misma que, en el comité de dirección, vota por restringir gastos, congelar sueldos, despedir gente y racanear con el café que expenden las máquinas estratégicamente distribuidas por la empresa, allí donde te puedan vigilar, no sea que gastes más de dos minutos en tomártelo_, resérvamelo. Pero resérvamelo ya, que sólo quedan dos plazas”. Y tú, que acabas de reservarle a un compañero un billete al mismo destino, en las mismas fechas y a la tercera parte del precio que te están “ofertando” ahora, le plantas cara a la susodicha y le dices que “Va en contra de la normativa de la empresa; no puedo hacer excepciones si no es con autorización expresa de la directora financiera. Si ella lo autoriza, no hay problema.” Y ella no autoriza porque la otra ni se lo planteará siquiera. Pero, oye ¿y si cuela? Porque tantas veces cuela… Y así, con un par, y con 22 años que te respaldan para que el despido sea improcedente _en realidad, inviable_, acabas de asegurarte de que tu sueldo y sus simpatías seguirán congelados, hasta que la pija encuentre otra empresa con la que volar mejor. Exactamente igual de congelados que los de quienes le bailan el agua, pero no tienen “caché”.
    Nos venden la moto, unos y otros, y lo hacen de continuo. Y la gente cae en la trampa de continuo. Pero lo peor, lo que más rabia me da, no es que caiga _caigamos_ en la trampa, sino que “se lo crean“, que crean, sigan creyendo, en las bondades de lo que “nos venden“ _y no sólo me refiero a las “prestigiosas“ compañías que nos venden, sino a quienes manejan nuestras vidas, de una u otra forma_ , hasta el punto de defender y apoyar esas ideas, o esos artículos, o esa forma de trabajar, de vivir… Como dices, el hombre _la humanidad_ resulta ser así de tonto del bote y no sólo respecto a lo material. Qué tristemente dejamos escapar la vida, a veces.

    No me enrollo más, Vagamente. Como siempre, siempre, un placer hablar contigo. Placer que será aún mayor, si cabe, cuando pueda, podamos, volver a leerte.

    Un abrazo, de río a río.

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  6. volví, dicen que más vale tarde que nunca, aunque a veces dudo de semejante reflexión, pues a veces es tan tarde que el regreso no tiene valor. Confío en que en este momento aún lo tenga, sobre todo porque tu texto, atemporal, me ha dado mucho, aún con la distancia de los días. Quizá porque tanto el texto, como los lectores, maduramos, y hoy, soy un poco más madura (que no más sabia) que ayer, o que el día que colgaste de nuevo el post, que por cierto, no recuerdo. Así que par mí es virgen. la forma es perfecta. Un reflexión sobre la vida enmarcada entre párrafos, al inicio y al final,que acogen con una naturalidad pasmosa actos cotidianos del día a dia, de esos que se suceden casi sin reflexión, porque sí, pero que en sí mismos encierran otros actos de trasncendencia, como el hecho de dar pie a una conversación.
    sobre la conversación, fluida y natural, solo puedo quitarme el sombrero. En algunas cosas me siento plenamente identificada. En ese transcurrir infame de la vida, que avanza aparentemente sin nuestro control, ausente de nosotros mismos.. me ha gustado esa reflexión sobre atar al animal, como si solo le afctase a él, pero no, también nos afcta a nosotros, porque en su cautividad nos cautiva a nosotros también, y nos obliga a responsabilidades respecto a él si en algo apreciamos su vida. La imagen del espejo de esa niña es sensacional. Los paisajes que es capaz de dilucidar, todas las vidas que es capaz de vivir, o de imaginar... y ese rergeso desde la edad adulta a aquellos recuerdos, que de alguna manera permiten volver a aqyuella ingenuidad, a aquella creencia de que una misma persona puede vivir distintas vidas, de distintas maneras... como si fuera una forma de recuperar la fe en nosotros mismos, en nuestras posibildades...

    Ha sido un placer leerte, Deaire, y me alegro de que hayas repuesto el texto. Si lo leí, lo olvidé. SI no lo leí, me has dado una nueva posibildad. como esos imprevistos de los que hablas, esos trenes que, sin preveerlo, cambian, o nos son concedidos.

    Desde el retiro vacacional, te dejo un gran beso,

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  7. Violette, preciosa, qué gustazo, qué lujo es contar con tu lectura, tus reflexiones... ¡Gracias!

    Creo que no lo leíste del todo cuando lo publiqué en LDA porque en realidad hay dos post, aquí contenidos: el primero, primerísimo, cuando me "presenté", presenté a Nkundi como esa musa a la que llevaba acallando desde hacía tantos años _mi propia afición postergada, siempre mis manos y mis ojos pendientes de "lo demás"_ y el tercero. Quizá de ahí te viene la sensación de no recordar con claridad si lo leíste o no; leíste el primero :-)

    El segundo, quizá demasiado largo para un post, seguramente tuviste que pasarlo por alto, por falta de tiempo, precisamente. Ese "transcurrir infame de la vida", se siente más, mucho más, en Madrid que en otras ciudades que yo conozco, así es que no me extraña en absoluto que te sientas identificada. También hay sectores laborales en los que el devenir de los días se convierte en una auténtica pesadilla, un sinsentido que nos devora la vida y a nosotros mismos. Ese es el motivo de que acabara huyendo de allí. Suerte que pude saltar de ese tren, también en marcha...

    Y sí, el juego de los espejos, el juego en sí, infantil, es una forma de parar, de dar un alto al ritmo desenfrenado que nos imponen y recuperar nuestra esencia, tan importante, tan olvidada casi siempre.

    Gracias, Violette, por detenerte a leerme, por tus palabras y tu tiempo.

    Espero que disfrutes intensamente de esas vacaciones tan merecidas y, egoístamente, deseo que te permitan algún que otro momento, para seguir elaborando esos deliciosos textos con que nos regalas parte de tu esencia.

    Muchos besos, Violette.

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  8. Violette, después de algunas lecturas, vuelvo con una post data para ti, por si llego a tiempo de que la leas:

    Lo de atar a un animal, no lo digo en ese sentido de que nos cree a nosotros una atadura a su vez, sino de que, no siendo capaces de ofrecer algo más natural al animal, más acorde con su naturaleza, lo doblegamos a nuestras propias "necesidades" o a nuestras propias limitaciones y exigencias _viviendo en una ciudad y a ese ritmo_. Mi visión es algo distinta. Prefiero, ante todo verle feliz y si imponiéndole mis limitaciones, no lo consigo, me creo sin derecho a imponerle mi presencia. No es fácil, aunque sí creo que más justo. No es justo, sin embargo, haberles creado esa dependencia y después abandonarlos. Viene un poco al hilo de esas otras reflexiones que hice en "devociones y renuncias".

    No sé si me he explicado, pero he creído importante decirlo. Eso de dejarme cosas en el aire es algo que me gustaría dominar algún día...

    ¡Otro beso!

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  9. VEO QUE ANDAMOS LOS DOS, TÚ Y YO, POR LAS MÁS ALTAS RAMAS DEL ALMENDRO DE NUESTRA NIÑEZ...¡QUÉ BIEN ESCRIBES, COMPAÑERA DEL ALMA, COMPAÑERA! UN BESO DE FLAN CHINO MANUEL Mª

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  10. ¡Ay!, eso de "compañera del alma, compañera" me ha llegado.

    Es que la niñez da para mucho, eh. Con eso de ser auténticos exploradores-descubridores, no le escamoteábamos nada a la vida. A ver qué haces con el billete y la ficha que te dejé ;-)

    Gracias, Manuel, por venir, leerme ¡y por el piropo!

    Mmmm... un beso de galleta napolitana, de esas que eran más grandes que nuestra cara y que anunciaba...

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