jueves, 24 de junio de 2010

Enajenado baile

A veces necesito... no sé qué.
Un destello.
O un silencio abismal
que me detenga en seco.
Y que dejen
de latirme recuerdos,
de lloverme palabras,
de rompérseme el aire...

4 comentarios:

  1. Ha desaparecido un texto que me he quedado con ganas de comentar, lo leí hace un par de días y ahora no lo encuentro para volverlo a leer. Era un texto que si no recuerdo mal, hablaba de Nkundi, que resulta que no era griega, ni venía del Parnaso, pero no sé, ya no soy la máquina implacable que antes dirigía mi memoria. Y de memoria, apenas puedo rescatar algunas frases, y los nombres de algunas personas, creo que buenos amigos de la que no era griega, quizá fueran Angelonero o les dammes, pero no podría asegurarlo. El caso es que recuerdo que me dije a mí mismo, que tenía que volver con tiempo a leerlo, porque encerraba más de lo que parecía y entre frases organizaba un diálogo de los mas sincero, seguramente entre amigos. Ya no tengo la memoria que tenía, porque yo era una máquina en eso de la memoria, recordaba la página en la que estaba escrita una frase o sabía donde encontrar una frase dentro de conversaciones de 3000 folios. Eran otros tiempos... La madurez es una ventaja y también una desventaja, según para qué y para quién. Todo esto viene a colación de que me gustaría volver a leer ese texto y comentarlo como merece. Más allá de está demanda, hablemos de tu poema, breve poema, que a pesar de empezar con un “a veces” resulta implacable. Parar, hay que parar, silenciarlo todo, empezar de cero, re-comenzar, re-asignar los recuerdos hasta que ocupen el lugar justo. Lo que necesitas es tan humano y necesario que lo asumo y acabo por comprender por completo tus palabras.

    Un beso doblemente agradecido, Deaire.

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  2. Pues es que (te va a resultar familiar) a menudo me muevo por impulsos, no siempre afortunados. A veces mis movimientos son demasiado drásticos y, sin embargo, responden a un proceso lento, denso... Como una digestión pesada, aunque la reacción, vista desde afuera, resulte una "espantada", precipitada.

    Como dices, ese texto que ha desaparecido, está dedicado a dos personas a quienes aprecio y a ellos quise dejárselo aquí... Pero, como ves, junto al nombre del blog y a la última imagen que hayamos publicado, aparecen las primeras líneas del texto, y ése me identificaba en exceso. Me vine de LDA buscando un sitio más tranquilo y sólo a unos cuantos os he dicho que estoy aquí.

    Lo siento por la persona que ya me había comentado, a quien escribiré para pedir disculpas, por ellos dos, a quienes parece que tengo castigados borrando ese escrito por segunda vez, y por ti, que te quedaste con ganas de volver a leerlo y comentar. El hecho de que quien me comentó, me "descubriera", hizo saltar las alarmas (no por ella) y lo borré.

    Ando revuelta, no lo niego. Bastante. Y entiendo que este tipo de reacciones se me vuelven en contra porque son incomprensibles para quienes no "saben" de mí.

    En fin, la madurez trae cosas buenas y cosas no tan buenas. De entre las no tan buenas, que parece que los caminos fueran cerrándose más y más _con seguridad, nosotros mismos los cerramos, en gran parte, porque nos volvemos más exigentes y desconfiados, cosa que a mí no me gusta y me veo luchando conmigo misma en dos frentes opuestos... y eso agota._ y parece también que no fuéramos a tener suficiente tiempo para re-asignar a los recuerdos el lugar que nos permita re-hacer. Eso me angustia, pensar que no tendré energía, ni fe. Le quita sentido a la vida cuando hay otra parte de ti que sigue siendo joven.

    La lucha con uno mismo es lo más agotador del mundo: igual contra igual. Así es que sí, uno acaba pidiéndose tregua.

    Gracias, Vagamente, por saberme escuchar y no venir con "soluciones" manidas que no ayudan. Y muchas gracias por venir. Es cierto que buscaba un sitio tranquilo, pero no desierto :-) y encima yo no ayudo, borrando textos que ya estaban comentados.

    Un beso y un abrazo.

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  3. El poema, de pequeño, es precioso. Resumes en ocho versos aquello que no es necesario y aquello que falta. Un instante diría yo, en el que saber que uno es uno mismo, y que no hay añadidos.

    Que no se rompa el aire, más allá del momento en el que se necesita que esté roto. No más jirones, ni más cosidos.

    un beso!

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  4. No más jirones, eso es lo que le pedimos ala vida de continuo, pero ella es más cabezota que nosotros... y tiene más recursos, al parecer.

    Otro beso, por aquí :-)

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