sábado, 17 de julio de 2010

Delirio seco


(Foto de Deaire)

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“Nunca se produce algo tan devastador que no permita que una persona decidida rescate algo de las cenizas, arriesgando todo aquello que le ha quedado…” (El Cartero. DAVID BRIN)
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Quise rescatarte de entre tus propios silencios. Como en otras ocasiones, desoí la prudencia, rellené con mis propias palabras tus respuestas huecas y atrapé tus arrepentimientos, trasladándolos a mi corazón con tierno mimo.

A cada reencuentro nuestro, le precedió una fisura de locura y muchos miedos. Siempre fuiste tú quien encendió la mecha para apagarla al instante. Aquella indecisión compulsiva que teñía tus motivos de una materia nociva para la paz, mortificaba cada tramo recorrido junto a ti, o hacia ti. Habría renunciado, de no ser porque el miedo a perderme se reflejaba en tus ojos y eso me hacía recordar que una vez cruzamos la inmensidad del espacio, lejos, muy lejos, hasta habitar un planeta que sólo a nosotros perteneció.

No debiste permitir que mi alma supiera de tu tristeza, que no era tan grande como la mía, ni estaba dispuesta a desbrozar de cadáveres, sembrados por la inconsciencia, todas las hectáreas que nos separaban. Ni nombrar la pasión que desconoces, tampoco debiste. La pasión no sabe de distancias, ni calcula lo adecuado o lo correcto. La pasión no se detiene, ni mide, ni medita; no esquiva, ni cuestiona. La pasión arrasa y se desboca y apenas ve otra cosa que no sea el motivo de su existir. Es capaz de lanzarse hacia el abismo pues, una vez que nace, nada importa. Sólo es y es, y es. Implacable, día y noche, es. Pero no tiene sentido que te explique, sólo el sentir distingue esta palabra, sin sospechar que existe la renuncia.

Arriesgué la cordura y, con ella, el sosiego, la fe, la indulgencia, el olvido,… Todos los perdí. Por eso aún vienen a mí tus recuerdos. Pero ya no perdono, ni creo. Ahora ando vagando en un espacio avieso de cautela, velado de sombras; el corazón sordo y mudos los deseos. Y creo que ésa viene a ser la peor de las demencias. Un delirio seco.

4 comentarios:

  1. No, no se debe ofrecer lo que no se tiene, ni imaginar la sed para poder ofrecer el agua, ni arar el desierto con la promesa de que acabará siendo un enorme y húmedo cultivo. No, porque la primera cautela nace siempre sobre la herida, sobre la desazón o sobre la renuncia y a partir de ese momento, la venda se pone antes de que exista la herida y se queda uno conforme con su dosis de inconformidad o se alivia con saber que duele el golpe que aún no te has dado sobre la cicatriz amarga que ya te hubo dolido. Pero esto es lo que le toca a quien confió en la promesa y en toda su adosada palabrería.

    Saber por qué afloran los miedos o se disfraza uno de lo que no es para luego deshincharse y acobardarse dentro de sí mismo, puede obedecer a varias circunstancias. En mi mundo de observaciones la más común es la necesidad de engrandecerse, de ser admirado o de ser querido, parecer diferente, alimentar el ego o sentirse necesario, más que por los actos, por las promesas que somos capaces de llegar a hacer sin conciencia de a quién o cómo afectarán sus futuros incumplimientos. No es otra cosa que el egoísmo, enemigo acérrimo del verdadero afecto y mal de muchos que nos consuela a todos como tontos, pues va de serie y con el tiempo solo es posible desactivarlo y casi nunca del todo.

    Lo importante, más allá de lamentarse, reside en atribuir calificativos sin necesidad de autonombrarse, pues como todo en la vida, todos hemos sido víctimas de algún culpable.

    Me parece una perfecta definición para tu escrito ese “delirio seco”.

    Como siempre, profundizas y los que pasamos por aquí, contigo.

    Un beso, Deaire.

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  2. Alguien muy mayor solía decir que "por la caridad, entra la peste" y, dicho así, puede resultar un tanto áspero al oído. Pero no hay que dar de lado la sabiduría de quienes llevan en sus ojos un largo recorrido.

    De las cenizas, sólo podemos esperar que se nos tiznen las manos, como poco. Pero hay corazones cuya propia naturaleza les conmueve y atiza la esperanza, hasta el punto de hacerles obviar los riesgos y retroceder, por si aún se está a tiempo de rescatar algo.

    Las consecuencias van en función de lo traumático de la experiencia. Lo más común es, como muy bien dices _la verdad es que lo dices todo muy bien_, que se acabe "poniendo vendas antes de que exista la herida y que se quede uno conforme con su dosis de inconformidad". O dicho de otro modo, también popular, que "el gato escaldado, del agua fría huye", que viene a ser otra definición de "delirio seco" :-)

    Sé que me repito, pero te aseguro que no me canso: es un auténtico placer contar con lectores como tú, porque cada comentario que dejas es una auténtica joya. Me encanta, por su riqueza, "tu mundo de observaciones", así es que no dejes de compartirlo, por favor.

    Un beso, Vaga-mente.

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  3. Regresando de las vacaciones y tratando de recuperar el tiempo (¿perdido?) me encuentro con este texto que me hace pensar. En lo que nos vemos en otros ojos, eso que nos refleja más allá de lo que nos creemos, en los que nos cuesta identificarnos pero que no nos hace dudar, y que nos devuelven, envueltos en una altura que nunca imaginamos, esos miedos que tratamos de camuflar. Qué interesante vernos con otros, por otros... nos ayuda a descubrirnos, aunque a menudo nos tengamos que enfrentar a aquello que nos negabamos... y por otro lado, todo aquello que nos apropiamos aún sin haber sido ofrecido, como una mano extendida aún antes de la tragedia, una revelación de la que conscientes, no podemos escapar, no podemos obviar, y a la que nos enfrentamos con la humildad de un superhéroe sin cómic, y con la valentía de la ignorancia, esa que después se nos revuelve, mostrándonos que aquello que vimos no fue tal, y dejándonos con nuestras armas ingenuas e inútiles en nuestras manos, porque nunca hubo previsión de batalla... Los delirios secos, a los que se llegan aún sin previsión, me dejan sumida en una desazón dificil de controlar. Ojalá que sean los menos posibles.

    Un beso preciosa,

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  4. Querida Violette, en los ojos de otros podemos ver mucho más de lo que quieran mostrarnos y mucho más de lo que hayamos podido ver sólo en los nuestros; son espejos y son ventanas abiertas tras la que se despliega un paisaje que complementa con creces ese otro paisaje que nos hemos creado en el interior. Es, el de los ojos, un tipo de lenguaje mucho más efectivo que el de la palabra, más transparente.

    Suele ser el miedo el que nos conduce, consciente o inconscientemente, a negar y negarnos, incluso a empeñar trozos de vida, propios o ajenos. Se hace dueño de nuestros actos y lo mismo paraliza, que hace saltar al abismo, o esconderse, o huír, gritar o enmudecer...

    Lo malo es cuando, con la ingenuidad "de un superhéroe sin comic" (¡me gusta!!)ignoramos el mayor de los peligros: enfrentarnos a los miedos de otros, porque hay que tener, antes que nada, agallas para dejar inconsciente de un golpe a quien está a punto de ahogarse, o abrasarse... ¡y no queremos hacer daño!... y así corremos el riesgo de ahogarnos o abrasarnos con ellos.

    En fin, que ese tipo de pasión que describo más arriba, no es compatible ni con la actividad de un bombero, ni con la de un cirujano, ni con la de ningún otro héroe, más terrenal (y menos cómico, jejeje), que precisan de un equilibrado tipo de frialdad para poder dedicarse al rescate.

    Nos pueden las pasiones, nos pueden los miedos... y, durante un tiempo, nos pueden los delirios secos. Que no te pueda la desazón. La "persona arriesgada", además, sabe luchar por sí misma.

    Tú también me haces pensar, querida Violette, con tus comentarios y con tus propios textos y eso es algo que valoro mucho.

    Veo en tus ojos :) que no has perdido el tiempo durante las vacaciones, así es que me pasaré, pronto, a ver lo que nos has traído. Estoy segura de que será algo hermoso.

    Un beso, bonita!!

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