sábado, 7 de agosto de 2010

"Cuando no haya motivos para enfadarse"

CITA:

Wong, maestro en collages dialécticos, sumaba aquí este pasaje: "La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes. Con lo cual, éstos dejan de ser personajes para volverse personas. Hay como una extrapolación mediante la cual ellos saltan hacia nosotros, o nosotros hacia ellos. El K, de Kafka, se llama como su lector, o al revés".


Julio Cortázar (Rayuela)
[...]

Ya no quedaban huecos donde buscar aliento para permanecer. Tan sólo un silencio acordado tácitamente en beneficio de un tiempo que no me atañía y, por tanto, me cerraba el paso, las puertas, las ventanas,... Renunciar también al mío, al tiempo que quizá si me hubiera pertenecido, fue el pago de mi media vuelta. Una huída completamente carente de egoísmo y, tal vez por ello, incomprendida, pero necesaria. Incrementar la distancia, aunque con ello aumentara también la confusión y abonara el terreno, para cuando hubieran de llegar los reproches, fue la única salida. Y aunque con ello provocara cierto regusto amargo entre mis letras y me viera abocada a condenarlas al ostracismo. Un implacable ejército de fantasmas tiraba del silencio hacia mis dedos, en busca de unas letras que no habrían de tener ningún sentido. Pero oprimían mis órganos y mi garganta, destilándoles lágrimas entre una gota de tinta y la siguiente. O lanzarlas al vacío, de cuando en cuando, permitiendo que otros ojos, que no fueran los suyos, las recorrieran; expuestas a otros juicios, suspendidos por falta de pruebas, incompletos. Quizá sólo buscaba algo de alivio. Una vía de escape, para no verme anegada de tantos recuerdos aglutinados en el vacío que ocupara mis días, desde entonces. He aquí, en breve resumen, los inasibles motivos de mis silencios.

Resultaron muy flojas sus razones. Quizá, como las mías, carentes de egoísmo hacia los suyos, pero letales hacia mí. Tal vez ese terreno tendría que haber permanecido yermo y yo no supe verlo, ni él tampoco, hasta que terceros, cuartos, aparecieron en escena, reclamando su voz y su espacio. Ya no podían oírse las ternuras que el apuntador, en susurros, nos había soplado desde su estrecho hueco. El patio de butacas estaba vacío. Hasta ese momento, no había caído en ello. No había estado allí antes, sino lejos, en la historia que mi alma improvisaba. Tan sólo el escenario aparecía atestado de gente y de razones de gesto histriónico.

Me aparté. Me quedé entre bastidores, primero. Retrocedí aún más, al poco tiempo y recuerdo que no era capaz de encontrar mi camerino. Tonta, nunca existió; nunca acudí al atrezzo, ni al maquillaje. Me presenté en escena, tal como me hice al mundo, carente de muchos artificios. Si acaso, me vestí de miedo a intervenir en lo que no me atañe. Y vuelvo al tiempo que no me corresponde, el que hizo que se escondieran mis letras, detrás del telón, para que él no supiera, o supiera muy tarde, “cuando queden dos días para morir y entonces no haya motivos para enfadarse”… Me cuesta creer que se fiara de esas palabras suyas. Pero aquí dejo las mías, cumpliendo con mi parte. Por si tiene el poder de previsión que le dicte que esos "dos días" anteriores han podido llegar. O por si el mío, mi fin, está a la vuelta de un minuto. Yo no lo sé. A mí me entregaron la vida sin programa, sin guiones, ni mapas, ni instrucciones y sólo sé guiarme según lo que veo y pienso, y siento.

Sí, claro que siento, aunque me mantenga a distancia para no recordar que es dolor y rabia, y amargura,… o para no recordar lo que es sentir, o para no sentir que sentir es un fraude,... o para no recordar. Pero hoy se filtraron sus fragmentos en mis sueños y amanecí en sollozos, que no fueron resueltos. Y entonces recordé sus penúltimas palabras. ¿Habrán llegado esos dos días previos, o cuándo lo harán? Y corro a escribirle aquí, como tonta, en el quicio de la nada, donde es posible que venga a buscar mis letras, si un indicio le avisa de que el fin ha llegado, y aún le quedan arrestos y energía para enfrentarse al único rastro que he podido dejarle, ridículo y lloroso, como son las derrotas.

Lo siento, sí, claro que siento. Por más que algunos sólo vean la dureza en la que envuelvo mi herida. Y que me mantengo a distancia, para no recordar lo que es sentir, o para no sentir que sentir es un fraude, o para no recordar que, de aquel sentir, sólo obtuve como pago y deuda, que ahora saldo, este recóndito, absurdo y poco probable punto final.

6 comentarios:

  1. Si fuera fácil, el universo estaría lleno de incumplimientos que a nadie atañerían, pero no lo es, por eso en el universo también hay lugar para el desencanto y la tristeza. Y sobrevienen, como a la protagonista de tu relato, sin aviso, en un sueño a deshoras o para terminar uno que quedó incompleto. Así es también la vida, tal como la cuentas, y algunas frases toman el valor que el misterio de no haber sido desentrañadas del todo les otorga.

    Pero no hay que culpabilizar la supuesta debilidad de recaer en un pensamiento que quedará varado entre otros muchos, no, no hace falta, son pequeñas y necesarias fugas que desembocan en saco lleno y todo se aprovecha para el siguiente tiempo, porque así es la vida, un constante partir de cero, que en realidad solo es un cambio de eje de coordenadas. Me ha parecido que a pesar de todas las referencias de incumplimiento al teatro que haces, has hecho una puesta en escena magnifica. Así que manos a la Obra!!!

    Un beso de aire, ya estoy de vuelta de nuevo.

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  2. No, no es fácil, a veces, llegar a desentrañar el propósito de algunas frases, ni las actitudes excluyentes que llegan armando demasiado ruido y contra pronóstico, ni llegar a delimitar lo que nos atañe o no, o hasta qué punto... No es fácil la vida. Pero hay que tomar protagonismo en ella; no demasiado, el justo. Delimitar, saber cuál es el momento exacto en que un papel concluye, cuándo corresponde abandonar el escenario, o "un cambio de eje de coordenadas". "La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes". Aunque no resulte fácil, aunque dé lugar al desencanto y la tristeza, aunque nos decepcione llegar, o no llegar, al punto final.

    Ya estás vuelta, sí, y yo contenta de recibirte y de poder visitarte. Y doblemente agradecida por ello, y por poder contar con tu mente, tu lectura y tus palabras, todas.

    Un beso, Vagamente.

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  3. He leído alrededor de tres veces este texto, y cada una de ellas creo entender algo diferente. Un reproche, una justicia, un acierto,... y al final siempre creo que yerro, y que no es una declaración de intenciones, que debo dejar de leer entre líneas, porque allí, solo hay cielo, y ni las nubes son mensajes, ni las estelas de los aviones van cargadas de palabras que debiera entender.

    Me quedo con que no es pasado lo que aquí se recoje y que si lo fue, solo a su autor, en la medida que el quiera, le pertenece. Me quedo con los augurios de que la corteza de la herida (que es un post que quizá algún día publique) desaparecerá con su rigor, y en su lugar, quedará de nuevo, la tersura de la piel, y el olor de la vida que queda por vivir.

    Si mi comentario es desacertado, no dudes en hacerlo desaparecer. Que desaparezca él, no queire decir que desaparezca yo, que ando últimamente, más invisible de lo que me gustaría.

    un beso,

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  4. Entiendo que a menudo mis textos son enrevesados y confieso que, sobre todo en éste en concreto, pienso poco en la comodidad del lector. Mea culpa.

    No sé si has leído Rayuela. Es un libro difícil, o a mí me lo parece. Y de no ser por la ayuda de Andrés Amorós, cuya edición es la que he tenido en suerte que cayera en mis manos, no habría sido capaz de entenderlo en toda la dimensión que su autor pretendía.

    Cortázar propone un juego con su Rayuela; un juego en el que el lector tendría que participar de forma muy activa, en el sentido de la dinámica que supone seguir el orden de lectura que va marcando, que no es continuada, sino saltando de un capítulo a otro, casi de forma aleatoria (del 84 al 4, del 4 al 71, y luego al 5, y así…) y en el que además se ha de ir sorteando otra serie de dificultades: la infinidad de referencias culturales _textos, autores, jazz, intérpretes_ que aparecen a lo largo de su lectura, no como exhibicionismo, que pudiera parecer _más bien al contrario; hay un matiz detractor hacia ese tipo de esnobismo utilizado en ciertos círculos_, sino dando a entender que el “paisaje” que nos rodea, nos matiza a nosotros mismos, que todo lo vivido nos influye para nuestra visión del mundo. Y eso podría hacerse extensible a la interpretación que hacemos de las lecturas.

    Yo no he pretendido ir tan lejos, no podría, pero sí me apetecía jugar a Cortázar, o a Hitchcock; jugué a ambos.

    La clave para descifrar el mensaje de este texto está en la cita de Cortázar: "La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes”. El resto no es más que una puesta en escena. La disyuntiva en la que se encuentra la protagonista en el momento en que se da cuenta de que ha de abandonar el escenario, aunque no quiera, instala la situación en el personaje, y no el personaje en la situación. Su papel ha terminado, por más que se hubiera implicado en él, hasta el punto de haber perdido consciencia de que estaba en un teatro (“El patio de butacas estaba vacío. Hasta ese momento, no había caído en ello. No había estado allí antes, sino lejos, en la historia que mi alma improvisaba”)

    Y, siguiendo con Cortázar, “…con lo cual, éstos dejan de ser personajes para volverse personas”, la situación que vive en esa escena, la extrapola a su vida personal y en ese mismo instante, toma consciencia de que aquél no es el único escenario que ha tenido que abandonar, ni el único papel que, para ella, había llegado a su fin. Una frase carente de sentido lógico, sirve de pretexto para que se produzca una especie de shock, un estado de conmoción, que hace que, en su mente, se vayan mezclando ambos “fuera de escena”.

    Jugaba, Violette, con ciertas ideas, no sé si acertadas o equivocadas, pero ideas al fin. Y, como no puedo pretender que nadie entienda este absurdo juego de maquetación, he de quedarme con lo que el texto en sí pueda transmitir. Pido disculpas por la confusión que os haya podido crear, y te agradezco, mucho, las reiteradas visitas y el esfuerzo en intentar dar una interpretación adecuada, si es que eso existe.

    Un beso...

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  5. Y no olvido que aún te debo una explicación: “No siempre“ es una reacción, y una advertencia, a cierto tipo de comentarios recibidos, no sólo en esta publicación, también en otras. Salí pitando de LDA, entre otros motivos, por la fiebre, cada vez más extendida, de convertir aquello en una especie de consultorio sentimental, como poco, olvidando por completo la atención que, a mi juicio, debería prestarse a las letras en sí, en una comunidad llamada literaria. Por supuesto que estoy a favor del intercambio; podemos hablar de ideas, de conceptos, de sensaciones,.… y admito, ya lo dije allí creando un paradójico rechazo, crítica literaria, que me sería de gran ayuda, pero no quiero convertir esto en una prolongación de aquello de lo que salí repelida. Tú y unos cuantos más, sois la honrosa excepción que confirma la regla. Tus comentarios, todos, siguen ahí; es un indicativo.

    Muchas gracias, de nuevo, por el esfuerzo y por todas y cada una de tus visitas. Y perdona el discurso que parece que te doy a ti sola, aunque seas la última a quien debiera dar nociones de conducta. Muchos besos, Violette.

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  6. Mi querida Deaire, me temo que este será un comentario algo largo, pero me resisto a no dejarlo. Siempre vuelvo a por mis respuestas (menudo engreimiento el dar por hecho que las merezco) y hoy con mayor razón que nunca, tengo que agradecerte tu doble comentario. Sobre el primero, decirte que la Rayuela es uno de los libros que ahora mismo está entre mis manos. Llevo pocos capítulos leídos, en la misma versión de Amorós que tú comentas, y quizá por eso no he sido capaz de identificar el juego de tus letras. Aunque me suele parecer importante la intencion del escritor, me gusta compararla con mi propia reacción como lector. Tu texto me pareció en principio inquietante, con esa expectación que surge de la incerteza del contenido. Lejos de resultarme incómodo me ha gustado! NO es fácil encontrar textos en los que uno tenga tantas opciones, en los que la imaginación, la sabiduría o la ineptitud den tanto de sí. Lo reconozco: soy una mente altamente inquieta. Las evidencias me limitan, y acaban por asfixiarme. Necesito amplios horizontes y tu texto me los dio. Así que cada regreso era descubrir una nueva incógnita. No suelo pedir explicaciones de los contenidos. Entiendo que cada uno se expresa y expresa lo que quiere, y no soy quién para adentrarme en los misterios de otros humanos. Como lector asumo los propios y los que consigo descifrar de la parte que me toca en este intercambio. Pero si el escritor está dispuesto a darla, siempre es bienvenida.

    Y reconozco que tu explicación me ha gustado, y da nuevas "alas" a mi inquieta mente. Jugare, en la medida que pueda, a ubicar los escenarios en los personajes y no al revés, incluso a hacer ver a los personajes que no lo son... dificil reto el que has asumido, y que has solventado con gran maestría.

    Sobre lda y sus secuaces, decirte que no me descubres nada nuevo. Creo que ya lo comentamos en alguna ocasión, no muy pasada. Es una pena que se confundan los términos y un supuesto portal literario se convierta en consultorio médico, sentimental, chat y otras cosas más absurdas aún, e incluso a veces tambien más desagradables.

    Supongo que dos años y medio largos es demasiado tiempo para desvincularse, o que he conseguido, de alguna forma, aislarme de determinados vicios, aunque ello haya conllevado ser "rechazada" por ciertos estratos y limitar el número de personas que me leen. Creo que la mayor parte de los días me da igual. Sé lo que quiero y sé que quienes me leen y comentan no tratan de descubrir mi vida personal en lo que escribo. En otras ocasiones me asalta la rabia, e incluso la vanagloria, y, con perdón por anticipado de la expresión, me digo que no debiera seguir colgando mis escritos entre tanta porquería. Consigo acallarla, diciendome que cada uno está donde se merece y que el tiempo hará lo que tenga que hacer. Agradezco tu explicación, y la comprendo, y solo espero que seas feliz con tu decisión. Por mi parte, ya sabes donde estoy y por aquí estaré mientras sea capaz de luchar contra la apatía y el cansancio de la vida.

    te dejo un beso grande y mis disculpas por la extensión de este comentario. Y si no aparece publicado, por mi parte ya sabes que no hay necesidad de ninguna explicación adicional, aunque a medida que pasa el tiempo, hay mayor deseo de poder compartir contigo una taza de buen café. Quizá en algún momento...

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