domingo, 22 de agosto de 2010

La trayectoria del cielo

Ahora que anido en este punto anhelado de la Tierra, asombrada de haber estado nunca y siempre aquí, o alguna vez en sueños, de aquellos que se olvidan cuando la luz los rasga y descompone, la primavera se resiste a entrar en él.

Pero no me contagia de desánimo su tardanza. En algún momento, llegará. Aunque sea para fugarse de inmediato, acuciada por un verano que precipite implacable su fuego sobre la acera, o interrumpida de nuevo por este otoño desorientado que parece haber perdido rumbo y fecha.

Alguna vez los deseos se cumplen mucho después de haberlos olvidado. Y nos recuerdan entonces que ya existieron, que ya ocuparon su espacio en nuestro espacio, pero perdió nuestra consciencia el momento en que dejaron de ser.

Hasta que un día cualquiera, a la vuelta de una esquina escogida por el azar y en hora insospechada, alguno se presenta de nuevo ante nosotros. Con una luz distinta a la que recordamos, con caminar distraído, como el nuestro y, como nosotros, parece detenerse sorprendido unos instantes. Y es ése el momento de atraparlo y no otro, pues puede que nunca más nos crucemos con él, sino en sueños.

Hoy sigo la trayectoria del cielo. Y solos, el cielo y yo, y ese viento que no cesa, observamos los días que pasean con la misma parsimonia que las nubes, ajenos a cuanto sucede en tierra, ajenos al deseo y los temores. Y comprendo.



(Por Deaire)

9 comentarios:

  1. Serenidad... Si hubiera que resumirlo en una sola palabra, parece que sea esa la que se acerque más a lo que me transmite tu texto.
    Reposadas las emociones de los sueños, rescatadas de un olvido en que parecían haber desaparecido, aligerada la inquietud que generó su antiguo incumplimiento y deshojados los misterios... De repente y sin esperarlo, ante la vista, la propia razón planeando lentamente en un pedazo de cielo y a nuestro alcance; solo esperando ser cautiva, regresar a su verdadero dueño, hacerse querer en otro instante, con otros valores y con diferente urgencia. Sí, quizá serenidad y también, paciencia, o una mezcla inexacta de ambas, que hay quien llama sabiduría.

    Me identifico con tus maravillosas palabras de hoy y con lo que me transmiten y, con tu permiso, las hago también un poco mías.

    Un beso, Deaire.

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  2. Es toda tuya la serenidad, Vagamente, la que traes contigo y la que puedas encontrar aquí. Y tuyas también, las palabras y el cielo mismo.

    Un beso y gracias.

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  3. y qué distintas las lecturas... que leo y releo tu texto y encuentro en él cierta melancolía por lo que pasó y se olvidó y cierta sorpresa por el re-encuentro. Algo así como un alma de poeta, que uno olvida poseer con los avatares de la rutina, con la inmisericordia de la vida, que obliga a cubrir la tinta de las manos con el hollín de la chimenea, y con el cemento de las reconstrucciones, hasta que llega una lluvia de verano, de esas que se huelen antes de sentirlas, esas que se lucen bajo el sol, y dejan pequeños diamantes de vida en las hojas asfixiadas de los árboles. Una lluvia que casi sin darnos cuenta, perdidos en la contemplación de todo y ajenos a nosotros, nos limpia de nuevo las manos, y allí está, de nuevo el alma de poeta.

    Esa trayectoria del cielo, de tan infinita y tan cercana, me resulta un paisaje ante el que quisiera sentarme y no dejar de contemplar, segura de que cada momento será como crear el mundo de nuevo, segura de que ante él, con mi pequeñez, tengo el privilegio del mejor palco.

    Un gran beso.

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  4. Violette, aunque éste no está escrito con intención de melancolía, sino desde la serenidad, tu visión poética desentraña perfectamente el resto de las sensaciones que intentaba transmitir. Esa sensación de sentirse capaz de crear el mundo de nuevo, desde nuestra pequeñez, ésa es la calma.

    Me alegro de que te sientas a gusto contemplando ese paisaje.

    Un beso, preciosa.

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  5. A mí tu texto me transmite rumbo, dirección, e incluso fé. Todo tu blog es una gran botella que sabe que va a arribar a buen puerto. Esa certeza, esa sabiduría es la que se viste de serenidad y sin prisa nos abraza.
    Gracias por la paz de tu texto. Un beso, Mago

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  6. "Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas."

    Julio Cortázar- Carta a una señorita en París-

    este comentario es para la entrada "No siempre"

    (....)

    del cielo... me sabe a otoño, a mangas largas, frio el viento en la cara y con el corazón sereno, antagónico a todo lo que está cayendo ahí afuera, en cualquier esquina, recodo de esperanzas (quién sabe al volver la esquina...)

    besos

    Ferrara Amianto

    pd.- te quiero mucho

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  7. No sé si llegará a buen puerto porque siempre hay otros aspectos que pueden influir en los resultados, pero al menos la intención de rumbo sí está clara... y la paz, tan importante, existe y me acompaña.

    Me alegro mucho de verte por aquí, Mago, y te agradezco que te hayas detenido a dejarme tu saludo y tus palabras. Te deseo buen trayecto, a ti también.

    Un beso

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  8. Yo diría que la composición de un guiño es un 50% de ironía y un 50% de ternura. Éste que me has dejado aquí, rompe la estadística que tenía establecida. No sé, quizá, un 30 % de complicidad, un 30% de ternura y el 40% restante es una extraña mezcla de dulzura y simpatía... Y quiero repetir, sí, me he dado cuenta de que quiero repetir. Tú ya debes saber cuánto me gustan las citas que me traes, pero igual que tú, insisto y te lo agradezco.

    De tus palabras... siempre un ave alegre, nunca nube. Por eso, yo también :-)

    Besos, muchos, y gracias por las sorpresas

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