sábado, 29 de mayo de 2010

¿Verso Libre o Rima?

¿Ser libre o ser rima?
 
¿Cercenar, del cielo,
la arista empinada
que dibuja el cuerpo
gris
de la montaña? 

¿Ser ola atrevida que invade la playa,
...o arena engullida
por la sed
del agua?

¿Ser ojos que atrapen 
suspiros de estrellas
y a ti te los traigan?

¿Dedos invisibles,
jugando en el agua
y, en una sorpresa,
salpicar tu alma? 

¿Convertirse en rama,
dejar que me aniden
7 piedras blancas
que canten de noche,
que vuelen preñadas,
sin rumbo,
sin alas,...
y después
revienten,
como pompas blancas?

Hay preguntas tristes
que sólo merecen
respuestas soñadas.

(Por Deaire)

viernes, 21 de mayo de 2010

Mala cosecha

Cultivaba piedras en un terreno estéril, el hielo abrasándome los ojos. Un excedente de llanto, sólido, pesado, anclado en el vuelo inconcluso y variable de un ave enloquecida, sin rumbo, cuyo eco lejano se convertía en canto, cuyo canto azulado trocaba en grito, cuyo grito moría en el silencio, de cansancio. Y yo ya no sabía si atender a su canto o a sus gritos, o a su silencio largo, que arañaba las horas de mi espera. Todos aquellos ecos confundían, como una resaca de vientos racheados.

Se enturbiaba el paisaje, luminoso hacía un instante, al desplegar la sombra de sus alas. Una bruma de voces, como dardos, que rompían el aliento de otro tiempo, amado por su brillo.

Roto. Rotos el tiempo y el brillo, y la esperanza. Era cultivo de piedras, terreno estéril, abonado con gritos y con sombras, y silencios, cada vez más frecuentes, cada vez más espesos, mordiéndome a deshoras, de iniquidad, de angustia y de distancia, el tiempo ingenuo, inútilmente derrochado en restaurar un breve paraíso.

A través de un cristal de hielo, alojado en el quicio de mi ojo, vi un objeto olvidado en la distancia, como si hubiera sido hecho con papeles. Era mi frágil cometa. Ya no tenía ni hilos, ni estructura, ni aquellos lazos tenues de colores que quise regalarle al ave aquella. Quizá fue pretencioso aquel presente armado con materias tan precarias, ilusiones, pues nada más real tenía a mano.

He recogido sus restos entre el hielo, quemándome las manos y, llorando, me alejo recordando el tierno mimo con que quise emular aquel plumaje que atrapara mi mente encandilada,... tanto...

El ave me ha mirado con desprecio: “No he querido mirar tu último esfuerzo”. 

Yo cultivé cometas en el cielo, mordidas por silencios o por gritos, besadas en un canto, según el impreciso devenir del rastro-ave. Luces, sombras, todas confusamente definidas, erradas y errantes, iracundas, con intervalos de miel y de ternura.

Yo cultivaba piedras y cometas. Hoy recojo tristezas y me alejo, por miedo a que me alcance la locura.