domingo, 7 de noviembre de 2010

Porque hay un tiempo para todo, hay tiempo para escribir y tiempo para vivir; para llenarse de otros o de uno mismo. Mirar hacia fuera, hacia dentro, volar, soñar… Permanecer al abrigo de las últimas hojas hasta que vuelva el viento y se las lleve, y quedemos desnudos, nuevamente, y la escarcha nos recuerde quiénes somos.

Dormir, volar, soñar, vivir,… Al fin, es todo lo mismo, liviano y revocable.

(Foto de Deaire)