sábado, 29 de enero de 2011

"Delayed"

“Aunque sigan los días, aunque sigan las olas pronunciando su nombre, quizá no vendrá Ulises, por más que lo dibuje o intente adivinar sus ojos entre miles de pares.”

*****
(Por Deaire)
 
No conseguía imaginar cómo sería aquel encuentro, después de tanto. No conseguía recordar su rostro, ni detener la mirada en la puerta por la que tendría que salir, sin distraerme; ni encontrar un sitio en el que sentarme tranquilamente a ordenar ideas o vacíos, o entretener el tiempo, o esquivar la inquietud. Me acercaba una y otra vez al panel informativo en el que seguían figurando los mismos códigos de vuelos, con la misma hora prevista para la llegada y la misma indicación: “DELAYED”.

“Delayed” decía el eco, abriéndose paso a través de los ojos, como si aquella espera, que se sumaba a otras tantas, fuese el habitante principal de la memoria. Una espera que hacía insertar, en los minutos, los recuerdos y las dudas, a partes iguales. El deseo trenzándose en el miedo o escapándose de él, trasladándose en suspiros contenidos, impartiendo treguas entre un pensamiento y otro.

Mientras, oleadas intermitentes de pasajeros iban apareciendo a borbotones, en grupos de 15 a 20. Se abrazaban a quienes los esperaban y desaparecían después, dejando atrás otros silencios, cada vez más evidentes, más solitarios e inquietos. Las puertas volvieron a abrirse varias veces, dejando asomar nuevos grupos, a intervalos y se repitieron los gestos, los movimientos, los abrazos,... las permanencias y el sentimiento de ausencia, 7 veces, 8 veces, 10. “No, aún no”, decía una realidad que parecía burlarse de la paciencia, en mitad de un espacio más y más diáfano.  

Qué extraña se hace la espera cuando adquiere otras dimensiones y ese exceso de tiempo se dilata hasta provocar que nos planteemos si aquello que nos hace sentirnos afortunados es un acto generoso de la vida, un regalo, o tan sólo un espejismo que se adelanta a la sed; lo que queremos creer, lo que nos hace "esperar".

A veces la fortuna se nos planta delante y se detiene. Nos sonríe, pero no avanza. No dice nada. Calla. Y ese silencio difícil de interpretar, hace que el anhelo tiemble y los minutos nos parezcan  sobrantes accesorios, adornos inservibles. Y la esperanza se desmorona poco a poco, cuando quien aparece detrás de la puerta es la tripulación… y nadie más.

Quizá fuera cierto que no recordaba su rostro y había pasado ya delante de mí, sin haberlo reconocido. Quizá algo inesperado había ocurrido en el último instante, justo antes del embarque... o quizá estaba ya delante de mí, a lo lejos, y esa figura que se acercaba era dueña de la voz que me susurraba al oído que ya pocos pasos nos separaban y podría, por fin, desterrar la incertidumbre de mi cabeza.

Respiré profundamente, absorbiendo todos los minutos previos y los expulsé lejos de aquel momento. “Qué paz, tu abrazo”, dije, y él no entendía bien que yo dijera aquello. Pero dejó que me meciera durante un tiempo en sus brazos. Quizá terminó de comprenderlo, indagando en mis ojos, unos segundos antes de sus besos. Quizás.

11 comentarios:

  1. La primera vez que leí este relato me pareció magnífico, hoy me lo parece aún más, seguro que la mayoría de nuestras primeras lecturas no reparan en lo amplia que puede ser la reflexión, ni en lo que nos puede llegar a aportar nuestro pensamiento cuando lo analizamos y le damos carta de ley. Es un texto que habla de la incertidumbre, de lo fácil que es que unas letras en un panel nos hagan hacer suposiciones para después, jugar con ellas a un juego de estrategia. Aunque nunca es posible anticipar lo que nos espera o darle carta de certeza a las situaciones en que nos encontramos. Todo es relativo. Todo depende.

    La protagonista de tu relato se somete a la espera, el tiempo que media entre un sentimiento y la concreción real del mismo, o lo que mide que parte lo extiende y en qué lugar acaba por asumirse, dicho de otro modo, lo que nos desata y lo que después nos ata y nos confirma de nuevo. En esa espera, piensa y piensa, recrea los rasgos de la persona que ha de llegar y le parece que no los conoce lo suficiente, que esa indefinición, puede ser solo la parte visible del iceberg “un regalo, o no es más que un espejismo que se adelanta a nuestra sed” y surgen las preguntas, las dudas, la incertidumbre, el caos que solo con un abrazo que surja de entre la muchedumbre volverá a ser certeza.

    Al final, a quien le esperan sabe, por el abrazo que recibe, lo mucho que le han echado de menos y es el que da el abrazo, el que ha de ser capaz de aglutinar en ese instante todos los pensamientos previos y hacerlos ser solo uno, o quizá, en cada abrazo además de una entrega de afecto hay también una resurrección de la nostalgia, para acatarla o para resolverla.

    Una maravilla, Deaire, no sabes cómo me alegra que sigas publicando. Te lo agradezco de corazón.

    Muchos besos, Deaire.

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  2. Vagamente, te agradezco doblemente esta doble lectura. Has ido atinando en cada punto relevante de este texto.

    Es muy significativa esa frase en la que la protagonista dice no recordar el rostro de quien espera, que bien puede significar no reconocer con nitidez los contornos de su personalidad, de lo que esa persona significa o quiere significar en su vida. De ahí la idea de no saber cómo tratar su situación, si de afortunada o si posiblemente no se trate “más que de un espejismo que se adelanta a la sed”, y de ahí también que empleara el tiempo de esa espera en intentar dar una “concreción real” a los sentimientos de ambos.

    Lo hemos comentado más de una vez: una determinada situación, o una influencia emotiva, pueden hacernos cambiar de óptica y de opinión. Cuando estamos imbuidos por varias emociones fuertes, como ocurre en los casos de la indefinición y la incertidumbre, cualquier detalle, una simple palabra, puede ejercer de eco de la memoria, hacer dispararse la imaginación, despertar el subconsciente y la consciencia al mismo tiempo, y sacar a escena todas las posibilidades que seamos capaces de encontrar. Aunque suele ser pasado un tiempo cuando se distinguen con mayor claridad tantas figuras, fantasmagóricas o reales, como hayan paseado por nuestra mente en esos momentos de confusión.

    También la figura del abrazo tiene su importancia dentro de este escrito porque, en efecto, será su entrega y su recepción, o más significativamente, la capacidad de entrega y de acogida, la clave que desencadene hacia dónde se dirigirá ese encuentro. Pero ni él entiende que ella sienta esa paz, al abrazarle, ni ella tiene claro que él sea capaz de comprender tanta incertidumbre como intentaba resolver con esa única frase.

    Y así, todo acaba como empieza, en “quizás”, muchos quizá: “Aunque sigan los días, aunque sigan las olas pronunciando su nombre, quizá no vendrá Ulises, por más que lo dibuje o intente adivinar sus ojos entre miles de pares.” Ahora sólo cabe preguntarse si el Ulises que ella esperaba, era el mismo que llegaba…

    Soy yo quien te agradece de corazón que me sigas leyendo, Vagamente y, aunque se trate de textos antiguos que ya leíste, me permitas compartirlos de nuevo contigo, incluso diseccionarlos y comentarlos en profundidad.

    Muchas gracias, por todo, y muchos besos.

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  3. Recordé el texto y también lo que contestaste a mi comentario... con mis análisis picassianos a cuestas, apuntabas que había sabido sentir las dudas en el momento del abrazo, saber quién es uno mismo pero temblar de dudas por la otra persona. El momento mismo de ver realizado todo lo que anhelabas empieza el instante del movimiento, de empezar a andar y reconocer el nuevo viento al salir a la calle "la clave que desencadene hacia dónde se dirigirá ese encuentro" y las miradas...

    Entonces redireccionemos la incertidumbre duradera. Pongamos por ejemplo que el texto quisiera seguir viviendo dentro de un taxi, camino a lo que fue y entonces una escondida mirada, casi imperceptible, pero definitiva en la que te das cuenta que no es la persona esperada, que realmente no conoces aquel abrazo. Una situación nueva y miedosa nos inundaría hasta reír o salir corriendo, nunca sabremos el resultado de este acontecimiento hasta vernos mirando por la ventanilla del coche, extrañados dejamos entrar a la preocupación por el destino incierto de la persona que no bajó del avión, quizás llegó, o no. El verdadero significado de aquella espera, aquel encuentro quedaría definido en el deseo de volver al aeropuerto o vernos en la contradicción de saber, nunca la primera que vez que lo habíamos pensado, que no queremos volver, reconocer que hay deseos que se disipan, desaparecen cuando se bifurcan los acontecimientos.

    Es difícil imaginar estar en esta vida y no saber que llegamos hasta aquí con una vida existida en el futuro, sensaciones intensas de creer que lo que ocurre ahora ya lo hemos vivido. Ya no hay espejismos, sólo sed cuando percibimos la realidad de un panel informativo en el que no lográbamos separar las cualidades que añoramos, considerar nuestro impulso honesto pero desordenado por el tiempo transcurrido y que libre de capas de aire de distinta densidad, sólo con el aíre frío de la tarde, llegamos a considerar aisladamente la esencia del tiempo que no puede ser otra de albergar la verdadera noción sensible de la realidad, que Ulises no pidió que le ataran para escuchar a las sirenas y que nosotros esperamos sabiendo que no podríamos enajenarnos con otras vidas sin antes vivir la nuestra, tal vez, sin prescindir de la ficción que nos trae un futuro pasado y escrito.

    Un beso y gracias corazón.

    pd.- si, divagaba. :)

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  4. "sino de albergar", claro; no se, me comí el sino.... mi sino - ay!

    muaaac!!

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  5. Y a mí que me gusta que vengáis aquí y divaguéis, que penséis en alto y esto se convierta en un sucedáneo de tertulia tomada con calma, o un lugar donde ensayar posibles escenarios y alargar historias… ¿por qué no?

    Alguien me dijo que un post debería ser un texto “auto-contenido”, es decir que sirviera como historia por sí mismo, que tuviera un mensaje aplicable a la vida. Yo en parte considero esa idea afortunada porque lo que solemos buscar en los blogs es una lectura rápida que nos satisfaga, pero también podría tratarse del inicio de un escrito más largo. Quizá tus divagaciones me inspiren otras mías y, quién sabe, me decida por alargar esta historia, aunque siempre hablo desde una escasez de tiempo de la que no consigo deshacerme.

    En cualquier caso, agradezco tu divagar. “Es difícil imaginar estar en esta vida y no saber que llegamos hasta aquí con una vida existida en el futuro, sensaciones intensas de creer que lo que ocurre ahora ya lo hemos vivido”… Yo todavía no tengo claro si es que me falla la intuición o si le fallo yo a ella, por no prestarle la debida atención. Pero es cierto que se producen “déjà vu” que nos dejan perplejos, al comprobar que se calcan tantos detalles y con tanta precisión, en una sola escena ¿soñada y olvidada?

    De aquel Delayed, guardo todos los comentarios. Es cierto, a ti te dije que habías distinguido bien la magnitud de ese abrazo. Era la primera vez que Alejandría asomaba el rostro por allí y, además de incluir peta-zetas en el diccionario, me hablaba de Séfora :) No tenía claro, aún, de quién se trataba

    Gracias a ti, por venir y tomarte tu tiempo en comentarme. Un beso :)

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  6. Recuerdo ese relato, y como no me detuve a pensar sobre las metáforas, sobre los desafíos que nos lanzabas.

    Tu juego con las ideas es bastante más complejo que un puro ejercicio de técnica. Si, de repente, viera toda tu escena a través de un cristal empañado y añadiera sensaciones de frío intenso, o de un calor insano, si empalideciera a todos los personajes, los alargara como personajes del Greco, les diera esa mirada de extasis o al contrario les desdibujara los rasgos, y transformara sus figuras en hilachas fantasmagóricas, alentaría la idea de vigilia, de sueño, de pesadilla. La protagonista al despertar podía yacer al lado del esperado o bien encontrar el lecho desierto.

    No encuentro esos signos en el relato, lo que me lleva a pensar en una reflexión sobre la propia existencia de la autora, con un magnifico reparto de roles.

    El manejo del tempo está conseguido, aunque quizás se hubiera podido dilatar esa espera pero a riesgo de perder la frescura, la rapidez del relato corto.

    Por último, yo contaría la historia al revés. Con el mismo miedo al reencuentro, al cambio que el tiempo puede haber obrado en nuestros rasgos, como Ulises desmitificados, esperando un abrazo, buscando entre los rostros el perfil que hace brotar el espíritu enjaulado ante un ambiente hostil. Creo que son las dos caras de una misma moneda.

    Me alegro mucho de haber vuelto a leer este texto con otros ojos. También felicitar los comentarios.

    Te felicito Deaire por tu texto y por tus visitantes.

    Un besazo, Mago

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  7. Sí, yo siempre recordaré nuestras charlas y, entre tus textos, tu “Locura”. La verdad es que los aeropuertos y los aviones dan para mucho, ¿eh?

    Siempre o casi siempre es posible sacar más de una segunda lectura pero es que, si te fijas, casi todos mis textos tienen un mucho de ambigüedad, de historia inacabada, de recinto con mil puertas, y cada una de ellas conduce a un espacio completamente distinto del que podríamos encontrar detrás de otra. La protagonista podría amanecer, incluso, al lado de un perfecto desconocido, o de su peor enemigo. Todo es cuestión de abrir cualquier otra puerta y continuar por ahí…

    De todas formas, me han gustado mucho tus visiones a través del cristal empañado ¿Así que escribirías la historia al revés? :-) Hazlo, Mago. Cuando puedas, cuando tus continuos viajes te lo permitan, hazlo, por favor y tráela aquí, y compártela con nosotros. Estoy segura de que encontraremos grandes ideas en esa versión distinta.

    Yo me alegro mucho de saber de ti, y te agradezco que hayas tenido el detallazo de asomarte a esta casa desde esa esquinita de África.

    Un abrazo y muchas gracias por tu visita, tus palabras, tu aportación. Hasta la próxima, Mago.

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  8. A ver si escribe usted, señorita, que ya está bien, que le vamos a borrar el blog por no usarlo, señora mía.




    Mensaje automático de incitación a la escritura.

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  9. Qué curioso es el tiempo, con sus tejemanejes, que nos ausenta lo necesario -días, horas, meses-para lanzarnos después en momentos más oportunos.. o eso queremos creer... siempre intenté seguirte, porque tus letras provocaban esa parte de vision de vida que a menudo echo en falta, y me adentré con regularidad en tu blog, a la espera de nuevas cosas... y este post, no lo leí... y lo leo ahora, justo cuándo me encuentro en una situación similar, cuando pende sobre mí una propuesta de ausencia que no quiero asumir, en la que espero se abra la puerta y él aparezca, y es mi espera así como tú la describes, cargada de incertidumbres, de temores, de algunas culpas, de nuevos propósitos que uno espera tener al menos la posibilidad de poner en marcha, de tantos silencios que no se saben como interpretar, si son el preámbulo de una sonrisa,o la tensión que precede al desconsuelo... Los aeropuertos siempre me han creado sentiemientos contradictorios.. esos lugares en los que tantos se cruzan y nadie se conoce, donde nadie se quiere quedar, aunque allí se generan tan grandes emociones... será que no podemos vivir con tanta cercanía a aquello que nos explota en nuestros sentimientos hasta límites tan insospechados o que no somos tan valientes como nos creemos...

    Tambien me has hecho pensar en cuantos de nuestros gestos solo se perciben con la parcialidad de ese momento, sin que nos esforcemos en hacer saber todo su contenido.. no sólo los apreciaríamos más,sino que seríamos mucho más conscientes del sentido de lo que hacemos...

    Me alegro mucho que Vagamente hiciera su texto -que aún no he comentado por cierto- porque me ha traído de nuevo hasta el tuyo.

    Un beso Preciosa,

    Violette,

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  10. Sí, que es curioso el tiempo, sí. Sin embargo, yo lo considero poco más que un escenario; los actores somos nosotros y nosotros, por tanto, quienes nos alejamos, o acercamos, quienes permanecemos, esperamos, desestimamos,… decidimos. Las ausencias y las distancias han de asumirse por ambas partes, para poder sobrellevarlas. A veces pueden resultar muy favorables, incluso, pero es imprescindible que haya consenso y por tanto diálogo, principalmente con uno mismo.

    Es normal que un aeropuerto nos despierte sentimientos contradictorios, ya que en ellos podemos ser espectadores y protagonistas, presenciar o vivir encuentros o ausencias, llegadas, partidas, unas dolorosas, otras ansiadas, emprender viajes con ilusión o sin interés alguno,… Al fin, un aeropuerto no es más que un concentrado de la vida… otro escenario.

    Yo también me alegro mucho de que Vagamente hiciera ese texto, por cuanto he disfrutado con él y por lo que ha traído consigo. Muchas gracias por pasarte por aquí y por tus palabras.

    Un beso, guapa.

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