lunes, 17 de enero de 2011

Ahora sí, "Esto se va a hacer largo..."

No iba a ser posible atender el blog durante estos días, así que mantuve este texto en borrador, después de haber sido publicado el 4 de enero. Pido disculpas a los posibles lectores que hayan pasado por aquí, y visto aparecer y desaparecer el post.
***

Tenemos los humanos la extraña costumbre de hacer balance cada cierto tiempo, de someter a examen a todo cuanto nos rodea o acontece, a nosotros mismos, al mismísimo Tiempo. Eso nos permite hacernos una idea del camino andado y el que nos queda por andar, o al menos el que nos proponemos andar.

Bien. Lo que me llama la atención, en este ejercicio de recapitulación, es que el pretexto para detenernos a hacer evaluación venga marcado por unos parámetros que, con bastante probabilidad, suelen ser ajenos a las circunstancias de cada cual y no se ajustan, por tanto, a una necesidad real individual. La mayor parte de las veces esos límites están definidos por designios que tampoco obedecen a la naturaleza ni, para quienes nos encontramos con ellos ya definidos, no obedecen del todo a la propia conciencia, que debería estar inmaculada, de no ser por esa tendencia limitadora que nos han ido inyectando con lo que venimos a llamar educación o tradición, o ese otro conglomerado de influencias que nos van marcando de manera más o menos perceptible, pero al parecer, indeleble.

La excusa, decía, suele ser cualquier “frontera”. Una etapa finaliza, dando inicio a otra… ¿nueva?… No creo que, entre las que insiste en definir la humanidad, exista una linde tan contundente, de no ser porque acaba siendo aceptada y, por ende, respaldada. Quién no ha podido comprobar que, en muchas ocasiones, el paisaje no difiere, entre un país y otro, más de lo que puede diferir dentro de una misma provincia, o entre un paso y el siguiente. Pero nos empeñamos, o se empeñan otros en delimitar esas parcelas y los demás lo aceptamos porque así fue establecido, por no se sabe qué intereses de no se sabe quién.

Ah, que hablábamos del tiempo… El caso es que no encuentro diferencia, tampoco, en los efectos que produce esa parte de la naturaleza humana que insistentemente hace voluntad de marcar el territorio, dividiéndolo en apartados que, según se acostumbra a proceder, parece que no podrán o no debieran poder mezclarse. Por ejemplo, cumplimos 30, ó 40, ó 50... Las décadas parecen tener especial interés para ser asignadas como punto de parada obligada para este tipo de escrutinios examinadores. Pero también lo son el principio y fin de cada año, como si existiese un abismo entre ambos, cuando en realidad, no hemos precisado de ningún salto para pasar de un día a otro, de un segundo al siguiente.

Así la conciencia colectiva nos va dictando, como en un susurro que aceptamos como cierto, qué es lo adecuado, qué lo impertinente, lo que está bien visto, lo que no, cuál es el momento preciso o el inoportuno, cuál la próxima parada, qué o quiénes bajarán, o subirán en la siguiente estación y cada cuantos minutos o kilómetros se sucederán dichas estaciones, o aparecerán en nuestro camino fronteras de todo tipo.

Lo sé, no estoy diciendo nada nuevo, pero ¿pensamos en ello cada vez que alguno de esos designios marcados por no se sabe quién, nos obliga a hacer “parada y fonda”? Con lo sano que es cuestionar, cuestionarse, cuestionarlo todo, antes de tomar partido, y le cedemos ese privilegio, y con él, el poder decisorio, el criterio propio y el libre albedrío, es decir, la vida, a otros que, al parecer, deben ser mejores que nosotros en algún aspecto. Total para que en el momento más inesperado nos cambien el sistema de valores, y lo que antes, mientras interesaba, podría ser una conducta de persona honesta, incluso honrada, ahora, que no interesa, pase a ser valorado como de persona con poca iniciativa, en el mejor de los casos, cuando no de auténtico pringado _claro que esto último, rara vez lo dirán a la cara, mientras puedan sacar partido de ello_, o incluso de criminal.

No exagero, no. No hace tanto, nos parecía una aberración, llevada a cabo con oscuros intereses, la famosa Ley Seca, que no hizo sino promover la clandestinidad y el crimen. Hoy nos plantan una ley antitabaco que nos deja fuera de juego a quienes nos place expeler humo, mientras aderezamos el momento con un café y una buena charla, o lectura. No fueron suficientes las comprensibles prohibiciones en lugares de trabajo, o en otros servicios públicos en los que, lógicamente, los malos humos estaban de más; ni las instauraciones de fronteras entre locales de fumadores y no fumadores, ni los disparatados gastos que algunos dueños de ese tipo de negocios donde deleitábamos las horas, tuvieron a bien llevar a cabo para que los fumadores pudieran echarse ese “respiro” sin estar demasiado lejos de la familia, o de la puerta de embarque, sin necesidad de privarse de tan incomprendido placer que, por otro lado, se convirtió en su día en necesidad.

Cierto, somos adictos. Pero es que ya lo somos, no es que corramos el riesgo de serlo y podamos evitarlo. Estamos inmersos en una dependencia que, como poco, nos crea ansiedad y la abstinencia, un estado de irritabilidad que se nos hace insufrible a nosotros mismos. Y gastamos más por ello: más en tabaco, más en gel, champú y detergentes con que mitigar el olor que se adhiere a nosotros y cuanto nos rodea, más en ambientador, colutorios y pastillitas mentoladas... Una echa cuentas y le parece liberador eso de dejar de fumar, si fuera posible. Así que, corro a la farmacia a informarme sobre el tratamiento más innovador que existe en el mercado para combatir el vicio e intentar evadirme de este estado de proscrita en que ya, recién inaugurada esa frontera que con el nuevo año acaba de erigirse en pro, me he convertido.

Pero tengo dudas, tengo serias dudas. Por un lado las cuentas no me cuadran; el tratamiento completo, si es que consigo atajarlo en un primer ataque, cuesta más de 300 euros, bastante más de lo que vengo a gastarme como fumadora “civilizada”. Pero es que, además, no me garantizan nada… de nada. La primera pregunta con que me ha asestado la farmacéutica ha sido: “¿Estás segura de que lo quieres dejar?”... Y claro, la preguntita se ha quedado flotando en el aire, envuelta en una densa nube de humo. ¿Cómo que si estoy segura? ¿Pero no se supone que son todo ventajas y parabienes?… “Es que _me ha advertido, la buena mujer, como los buenos medicamentos advierten de los posibles efectos secundarios, y las propias cajetillas de tabaco advierten de lo malo malísimo que es su consumo_ tienes que estar bien convencida para que surta efecto. Si no es así, si no tienes fuerza de voluntad, no te servirá de nada”… “También puedes ayudar con chicles y parches anti-tabaco, si no te sientes muy fuerte”, ha añadido, mientras leía mi cara, que en esos momentos debía ser la representación más pura del escepticismo. ¡Falacias!… Si no lo digo, reviento. La verdad es que en esos momentos lo que me preguntaba era si quienes han promulgado y aprobado esta ley no tendrán invertida una suculenta cantidad en el prestigioso laboratorio que comercializa el medicamento.

Claro que eso fue antes incluso de desplegar el prospecto, una sábana bajera de 30 x 60 cm., con un listado de más de 100 efectos adversos que, con mayor o menor probabilidad, se pueden producir. Resumiendo, diré que su composición es dañina para todos los órganos vitales (todos) y que puede alterar tanto la sensibilidad, como las percepciones o la funcionalidad de los órganos, incluso el comportamiento (muy “prudentemente” invitan a abandonar el tratamiento si se detectan pensamientos suicidas, durante el mismo) Si al menos las mentes bienpensantes, aquéllos que decía antes “deben ser mejores que nosotros en algún aspecto”, me ayudaran a dilucidar qué es menos dañino, si dejar de fumar o seguir haciéndolo, si es mejor el infarto o el suicidio, o el tabaquismo... 

Ahora no sé si permitirme el pequeño privilegio de tomar café en un Café (ya sin cigarrito, claro) o si, para alargar el momento de asueto, al que creí tener derecho, he de llevarme el termo a un parque, siempre que no llueva o haga demasiado frío. El caso es que seguramente me sentiría un poco más cómoda (y menos proscrita) si, después de tantas horas de trabajo con que salvar esta crisis a la que otros nos han conducido, y tras tanto impuesto impuesto, no hubiera dejado de sentirme, recién cruzada esta frontera del 2011, una ciudadana “normal”, con un grado de aceptación “normal” y una forma de disfrutar del tiempo libre, hasta ahora, “normal”.

En fin, que esta nueva norma, como poco, me escuece. Aunque he de confesar que no es la única restricción que me está dando... mucho que pensar.




(Foto por Deaire)

5 comentarios:

  1. Tú lleva el cigarro y la bufanda que yo llevo el café. Nos vemos en el parque. (Me alegro que tu post haya vuelto! la que tiene que volver ahora soy yo, para leerlo con calma y a otra hora más amena). Un beso Deaire. No sabes como me alegro de re-leerte.

    Violette,

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  2. Gracias, Violette, por volver y re-leerme, por alegrarte y, como no, por el café. Vuelve cuando quieras, guapa, éste es un espacio abierto ;-)

    Un beso

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  3. Me alegra mucho volver a leerte y además con tal extensión de palabras y riqueza de conceptos. Siempre disfruto mucho leyéndote. Hay muchas formas de exponer las ideas, pero es importante a la hora de entregarlas, instalarlas en un contexto y en un lugar determinado, señalar el origen, la función, el tiempo en que ocurren y el objetivo. Ese orden es necesario para que cualquier discurso sea conceptualmente razonable y pueda someterse a discusión. Así veo tu texto, como un organizado planteamiento circunscrito al tiempo que vivimos. Desearía que en la medida que te dejen tus obligaciones, sigas escribiendo y manteniendo el blog. (Es petición y ruego de lector incondicional).

    De alguna manera hacer balance es comparar la previsión con el resultado real. En economía, sobre todo en economía de empresa, un balance es una fotografía de la situación en un momento determinado y esa fotografía servirá de comparación con otra, que se hará cuando haya pasado el mismo tiempo.Sabremos de esta forma si hemos mejorado o empeorado de acuerdo a nuestras expectativas futuras, o dicho de otro modo, cada parón, supone una aceptación de lo que somos y la proclamación de una serie de medidas que corrijan lo que no ha variado como queríamos que variara. Si ésta es una necesidad humana insalvable o no lo es, no podría yo afirmarlo, pero lo que sí tengo claro es que no es necesario inducirla, ni mucho menos estimarla en intervalos medidos de tiempo. ¿Por qué lo hacemos así? Tú lo has dicho, somos en buena parte consecuencia de efectos no deseados por nosotros, pero sí, por otros. Vivimos en una sociedad en la que todo es mensurable y nos regimos por el ciclo orbital infalible de nuestro planeta (aunque solo lo cuadramos del todo cada cuatro años). Existe un afán de costumbre implícito en nuestra condición evolucionista que, con el tiempo, se ha hecho firme sustrato del adorado y necesario ciclo económico (aquella perversión, del trueque convertida en curiosa teoría que explica cómo sacar máximo rendimiento a la escasez). La historia ha conseguido priorizar, por encima de lo demás, aquello que alimenta cualquier hábito que invite al consumo. De aquí proviene esa paradoja curiosa de venderte tabaco, aunque no te lo puedas fumar o no debas fumártelo. Ante todo, has de consumir.

    Nada cambia como para darle la validez de procurar un nuevo comienzo, porque nuestra memoria ya ha realizado clasificaciones de las que nunca vamos a poder renegar del todo. Por tanto, los buenos deseos pueden ser diarios, semanales, anuales o cada lustro, pero no implican que el resultado sea el paso instantáneo de líquido a sólido o de líquido a gas, tampoco desde mi perspectiva parece justo que nos flagelemos por lo que es irremediable, así que mi conclusión es similar a la tuya, hacer balance a fecha fija es un acto demasiado racional, para aplicarlo a las emociones y, no olvidemos, que los proyectos de futuro, se alimentan de emociones.

    Todas las divisiones, las etapas: la niñez, la adolescencia, la madurez, son formas de simplificar un cúmulo de sensaciones que pueden parecer comunes, pero no lo son. No se adquiere ninguna de ellas de golpe, sino que se someten a una escala, la escala de la presunta normalidad, que no es otra, que la necesaria para consumir el producto que toca a cada edad y así, el mercado nos sitúa entre sus ejes y somos un punto de coordenadas, susceptible de ser elegido para que nos ofrezcan paliar una necesidad de las que nos toca, por tiempo, condición o sexo. Es claro que el hombre es el único animal sobre la tierra capaz de crear sistemas que anulen su instinto y con ello su voluntad. Llegados a este punto, cualquier tomadura de pelo es posible y si me apuras, con el tiempo, el que mejor nos tome el pelo, ocupará más de una página en los futuros libros de historia. Pero me estoy enrollando y me dejo el tema en cuestión, sorry.

    (continua...)

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  4. El tabaco mata, mata desde siempre. Aun así, se vende, alguien gana dinero y vive del daño que otros se hacen sin tener conciencia de que se lo hacen. Yo soy fumador y me parece una ley que no contenta a nadie y solo crea resistencia. Hay algo que no se entiende en este gobierno progresista, y es su necesidad de procurarnos unas normas y también la de otorgarnos por ley limitaciones, mientras que por otro lado, da libertades que vende como conquistas, entre ellas que los hijos puedan abortar sin consentimiento de sus padres. La paradoja es de lo más curioso, porque te dicen: educa a tu hijo en la parte del fumeteo, que en la otra parte te lo educamos nosotros, y parece que debería ser un poco al revés, pero bueno, cosas de la modernidad. Tampoco creo que la existencia de lugares de fumadores creara problema alguno o que hacer esa concesión significara atentar contra los derechos de nadie, pero es evidente que los progres de hoy en día son más de derechas que los fachas de anteayer, con lo que las opciones son pocas y poco vistosas y variadas, por no decir, todas idénticas. Pero ha de ser así, el mercado, motor real del universo, manda, y ha de hacerse lo que pide el mercado, no lo que necesitan los hombres y mujeres, que pueden morir cada día, unas veces por una inundación absurda por una lluvia torrencial de dos horas, sin embargo, no existe una ley que prohíba la imprevisión en las personas que ejercen cargos públicos, ni existe tampoco una normativa específica para los delitos de desfalco hechos por funcionarios electos, que además, están en muchos casos amparados por su situación legal de aforados.

    En fin, un mundo hecho por locos para pringados y aquí estamos y vivimos, no hay otra posibilidad.

    Aún así, el tabaco es malo, malísimo y al precio que está, habrá que pensarse mucho si seguir fumando o empezar a ahorrar para uno de esos viajes espaciales para los que ya venden billetes. A ver quién te dice en Marte que no fumes…

    No estás sola, yo te acompaño en ese pitillo y… ¡Aúpa las volutas!

    Un beso Deaire y otro Dehumo

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  5. Vaya, Vagamente, no sabía que hacía tantas cosas :)

    Quizá empiece por el final, en esta ocasión, siguiendo mis impulsos e ignorando adrede cualquier tipo de pauta establecida. Lo que me apetece, antes que nada, es agradecerte, y mucho, un buen montón de cosas que son imposibles de resumir y no hacen sino sumarse al buen concepto que ya tenía de ti, hace mucho tiempo, y que convierten tus visitas en una fiesta: la espera, la respuesta, la dedicación, el análisis, la implicación, tu trato y tu tan apreciada y manifiesta incondicionalidad. No creo merecer tanto, ni mucho menos, pero haces que mi ánimo cambie de indumentaria y que crezca el deseo de mantener a flote este blog, aunque sea publicando esporádicamente.

    Es cierto que no somos dueños más que de una minúscula parte, cada vez más diminuta, de nuestro tiempo, ya lo ves, ni de nuestras decisiones, nuestro esfuerzo, nuestros recursos, nuestros propósitos… En definitiva, nuestras vidas. Nos vendieron la moto de la libertad, como nos venden el tabaco, para luego no dejarnos hacer uso de ellos. No es de recibo el trato que están dando a este país aquéllos que ponen como excusa velar por nuestros intereses, cuando en realidad lo único que velan son sus bolsillos.

    Cierto es también lo que dices acerca de la economía empresarial que, en esencia, no difiere mucho de la economía familiar, aunque sea a otra escala y se empleen otros recursos. El problema se presenta cuando existe un elemento (que puede ser múltiple) que emplea sus conocimientos para sangrar esa economía (haciendo un desvío de fondos, por ejemplo, o derrochando recursos) en lugar de impulsarla. En una familia basta con que uno de sus componentes haya caído en las redes de la ludopatía, o sea comprador compulsivo, para provocar un agujero negro por el que irán desfilando, hasta su desintegración, cualquier tipo de energía. En un país con tantos agujeros negros, lo difícil es no verse engullido por cualquiera de ellos. Como bien dices, se trata de “alimentar cualquier hábito que invite al consumo”. “España va bien” y todos compramos viviendas a precios que deberían estar prohibidos porque estamos contrayendo deudas que acabarán de pagar nuestros hijos, renovando el vehículo por uno que se ajuste más a la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos (allá va el intrépido con un todo-terreno que sólo se salpicará si llueve sobre el asfalto) y todos creemos ser más guapos con algo de botox en el rostro y unos cuantos tajos aquí o allá. Bueno, no, afortunadamente todos no, porque no todos creemos en esas “medidas ideales”, ya sean de coche, vivienda o palmito, y que alguien “que debe creerse, o quiere ser mejor que nosotros en algún aspecto” ha decidido establecer como límites de “lo adecuado”.

    Y no, no nos hemos ido de tema, ni desviado siquiera, que resulta ser el mismo: manipulación a gran escala, marketing en todo su elaborado proceso, sin reparar en consecuencias ajenas y, delante de todo ello, cortinas de humo.

    Por cierto, muy reconfortante este pitillo compartido. Lo de Marte… se lo dejamos a ellos ¿no? Nosotros, mientras no lo prohíban, mejor en el cauce, o en la playa ;-)

    Un beso de cauce y otro de playa, Vagamente :)

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