domingo, 1 de julio de 2012

Verde piel de enebro y pino

DEAIRE...
... y hoy el aire, cuajado de ceniza

4 comentarios:

  1. lluvia gris en plomo y y pavesa sobre los mares de hojas.

    Un beso, Deaire.

    Violette,

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    1. Ojalá hubiera llovido, Violette...
      Gracias por pasarte. Un beso

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  2. La fresca sombra del anciano pino y alrededor sus retoños, sus vivas raíces despuntando de nuevo, sucesivos brotes con afán de ocupación, extendiéndose sobre valles y lomas, aferrándose a los cortados, a los barrancos, anunciando el sendero y marcando las distancias. Y el verde latido de la copas de los enebros, su traqueteo animado por el viento, cimbreándose sin deshojarse, trasfundiendo paz al caminante… Y después la añoranza, la triste desazón, la ceniza borrándolo todo, lagrima, puñal. Despojada la montaña de su manto, de su tesón, de su fuerza, años y años elaborada sobre fragua de inclemencia. Montes repletos de supervivientes a su propia naturaleza a la que trasfunden la vida.

    Magnifico símbolo, la vista, el sentido que atrapa la majestuosidad y la ruina, el sentido en cuyo órgano se refleja la luz y, también la sombra, el ojo que anticipa el sentimiento, que lo expulsa de inmediato tratado por la tristeza que se derrama en forma de gota. La transformación, de lo que tardó siglos, milenios en concretarse, para en tres días desaparecer entre el humo y en el recuerdo.

    Me ha encantado la metáfora que has construido con tu arte y con tus pinturas. Maravilloso el primer impacto, asombroso el color de esos ojos verdes en cuya intermitencia se dibuja la llama, en cuya mirada se derrama tristeza en forma de irremediable efecto. Fantástico Deaire, supongo que han sido unos días duros, sobre todo para los que conocéis bien el terreno. Un fuerte abrazo.

    Muchos besos, Deaire

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    1. Gracias, Vagamente pero (todo hay que decirlo) lejos de considerar este dibujo como arte, sólo puedo otorgarle la categoría de “sentida manifestación espontánea”. Quise compartirlo para que ese pedazo de tierra (casi 50.000 hectáreas) que hoy no es más que un triste montón de ceniza, no se sintiera del todo abandonado… u olvidado, embriagados como estábamos todos, aquel día, con la gloriosa marea roja.

      Esto es lo que surgió. No había ánimo para palabras, ni utensilios, ni tiempo para técnicas; pero sí un impulso que se rebeló a la impotencia, en un gesto simbólico.

      Sabes leerme hasta cuando callo :-) El ojo, instrumento receptor, se convierte en emisor, en reflejo de una realidad que se produce frente a él, en torno a él y tras él. Un iris que, por amarla, quisiera ser la Tierra, y se reproduce en él el verde manto que la cubre, pellizcado por el fuego y acechado por la sombra gris de una nube de ceniza que sobrevoló la comarca entera durante tres días y tres noches, sin tregua. La mirada enamorada, pero triste, se rinde a su propia invalidez, a la inutilidad de sus deseos salvadores, en un último recurso: la lágrima brota y anega todo, pero sólo es capaz de derramarse como la tierra que escapará del monte sin el abrazo sustentador del árbol.

      Fueron días tristes, sí, aunque ya ha surgido algún que otro movimiento para repoblar el monte. Y duros, muy duros, para agricultores y ganaderos que lo han perdido TODO, y de quienes no se acordará un “gobierno” que sólo parece enternecerse ante las demandas de vampiros de diversa índole.

      Gracias por estar tan atento (por serlo) Todo un lujo, contar con tu mirada, tus palabras… contigo. Un fuerte abrazo y muchos besos, Vagamente.

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